Esta es una guía informativa, no asesoramiento financiero. Cualquier cifra que veas es orientativa; las condiciones reales dependen del banco y de tu perfil. Confírmalas con la entidad y consulta el Banco de España.

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Hipoteca fija: previsibilidad a cambio de precio

Con una hipoteca fija pagas el mismo tipo durante toda la vida del préstamo, así que la cuota no cambia pase lo que pase con el Euríbor. Ganas tranquilidad y puedes planificar tu economía con certeza.

A cambio, el tipo de salida de una fija suele ser más alto que el inicial de una variable. Estás pagando por la estabilidad: si los tipos bajan mucho, no te beneficias de ello.

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Hipoteca variable: el riesgo del Euríbor

En la variable, el tipo es un diferencial fijo más el Euríbor, que se revisa de forma periódica (habitualmente cada seis o doce meses). Si el Euríbor baja, tu cuota baja; si sube, tu cuota sube.

Esto es clave: el Euríbor varía a diario y nadie puede garantizar su evolución. Una variable puede salir más barata en periodos de tipos bajos, pero te expone a subidas. Conviene comprobar si podrías asumir la cuota en un escenario de tipos altos.

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La mixta: un punto intermedio

La hipoteca mixta aplica un tipo fijo durante los primeros años y luego pasa a variable. Da cierta estabilidad al principio, cuando la cuota suele pesar más, y deja la parte variable para más adelante.

No elimina el riesgo, solo lo aplaza al tramo variable. Es una opción a considerar si quieres previsibilidad inicial sin pagar el tipo de una fija a tan largo plazo.

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A quién encaja cada una

La fija suele encajar a quien prioriza la estabilidad, tiene poco margen para asumir subidas o quiere olvidarse de la cuota. La variable puede interesar a quien tiene colchón de ahorro, plazo más corto o tolera que la cuota fluctúe.

No lo enmarques como "la mejor hipoteca" en abstracto, sino como qué riesgo estás dispuesto a asumir. Simula varios escenarios y, antes de decidir, contrasta las condiciones reales con la entidad.